Ataque.
Tal y cómo hemos explicado en otros deportes: en el Esquí, el deportista ataca exponiéndose y envidando al medio. Arriesga extendendiendo el cuerpo, buscando el desequilibrio que le permita ganar velocidad y acortar las distancias que ha de recorrer. Ciñe su cuerpo a las banderas inclínandose hasta rozar, casi, el punto de no retorno, es decir, donde está a punto de caer.

Defensa.
La defensa también es significativa y, quizá, uno de los deportes en los que más se puede apreciar ese recogimiento y descenso del centro de gravedad para mejor salvaguardar el equilibrio. En el descenso, a unas velocidades que casi rondan los 100 km/h, la más mínima oscilación o imperfección no compensada de la pista puede acabar con el deportista en el suelo. Por eso la posición es tan característica y el recogimiento es máximo.
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